Hay días en que nuestras emociones hablan más fuerte que la esperanza. El cansancio nos dice que estamos solos; el miedo nos dice que lo peor será definitivo; la culpa nos dice que ya no hay camino de regreso. Esas voces pueden sentirse verdaderas, aun cuando no lo son. Por eso necesitamos volver una y otra vez a la verdad de Dios.
La verdad no ignora el dolor. Jesús lloró, se angustió y cargó con el sufrimiento humano sin tratarlo como algo pequeño. Pero también nos enseña que el dolor no tiene autoridad para definir toda la historia. Dios permanece cerca del quebrantado, su gracia no se agota y Cristo sigue siendo suficiente cuando las fuerzas ya no alcanzan.
Volver a la Palabra no es repetir frases para negar la realidad. Es permitir que Dios nombre la realidad con una voz más profunda que nuestro temor. Tal vez hoy no puedes cambiar lo que está ocurriendo, pero puedes dejar de enfrentarlo solo. Puedes pedir ayuda, respirar, orar y recordar que tu vida no está fuera de las manos del Señor.
Escoge una promesa bíblica y repítela durante el día. No como una fórmula, sino como un ancla. Deja que la verdad ordene el lugar que el miedo ha querido ocupar.
Angel M. Mattos de JesúsEntrar