Hay una clase de obediencia que casi nunca recibe atención. No ocurre en una plataforma ni produce una historia impresionante. Es la decisión de decir la verdad cuando una mentira sería más cómoda; de cumplir una promesa cuando nadie puede exigirlo; de pedir perdón antes de que el orgullo convierta una herida en distancia. La fe se hace visible allí, en lugares donde solo Dios ve con claridad.
A veces esperamos una tarea grande para sentir que nuestra vida importa. Sin embargo, Jesús habló de ser fieles en lo poco. No porque lo pequeño sea una prueba sin valor, sino porque revela quién gobierna el corazón. La persona que aprende a amar bien en su casa, a trabajar con integridad y a cuidar sus palabras está siendo formada para algo que va mucho más allá de un momento público.
Tal vez hoy no tienes una gran respuesta para dar ni una decisión extraordinaria delante de ti. Tienes esta conversación, este hábito, esta responsabilidad y esta reacción que necesitas rendir. No los desprecies. Dios suele escribir sus obras más profundas en la repetición humilde de una vida que decide obedecer.
Ora sin pretender fuerza: Señor, hazme fiel en lo que has puesto hoy delante de mí. Que no necesite ser visto para hacer lo correcto. La constancia silenciosa también es una forma de adoración.
Angel M. Mattos de JesúsEntrar