Agosto 2026 · DEVOCIONAL MENSUAL
Cuando las lágrimas también creen
Jesús lloró. — Juan 11:35
Hay momentos en los que sabemos lo que creemos, pero el dolor no nos permite explicarlo. Hemos aprendido promesas, repetido versículos y confesado que Dios es bueno; sin embargo, cuando la pérdida toca nuestra puerta, las palabras parecen pequeñas. Juan 11 nos recuerda que esa tensión no convierte nuestra fe en una mentira.
Marta y María amaban al mismo Jesús y enfrentaron la misma muerte, pero procesaron el duelo de maneras distintas. Marta salió a conversar, preguntar y confesar. María llegó llorando y se postró. Cristo no despreció a ninguna. Recibió la teología de una y las lágrimas de la otra. El Señor no exige que todos suframos de la misma manera para acercarnos a Él.
La escena se vuelve todavía más profunda cuando Jesús llora frente a la tumba de Lázaro. Él conocía el desenlace. Sabía que la piedra sería removida y que su amigo volvería a caminar. Aun así, no trató el dolor presente como algo insignificante. Se detuvo junto a quienes lloraban y participó de su tristeza.
Esto significa que la esperanza cristiana no nos obliga a fingir fortaleza. Podemos saber que Dios tiene la última palabra y reconocer, al mismo tiempo, que hoy nos duele. Las lágrimas no siempre son señal de incredulidad; muchas veces son la forma más honesta de llevar nuestra fe hasta los pies de Cristo.
Quizás esta semana no necesitas una explicación extensa. Tal vez necesitas recordar que Jesús no se apresura a condenar tu proceso. Él puede sostener tu llanto sin abandonar su propósito. La resurrección sigue siendo cierta, pero también lo es su compañía en el camino hacia ella.
Creer no es negar la tumba. Creer es permanecer cerca de Jesús delante de ella. Es confiar en su carácter antes de ver la piedra moverse. Es descubrir que incluso cuando no tenemos palabras, nuestra presencia a sus pies puede convertirse en una oración.
OraciónSeñor Jesús, recibe lo que hoy no puedo explicar. Enséñame a llorar sin perder la esperanza y a esperar sin negar mi dolor. Afirma mi corazón en tu presencia y recuérdame que tu amor permanece aun antes de que la piedra sea removida. Amén.